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Del libro Experiencias Divinas

 Capítulo: El Espíritu de Dios sobre las aguas

 

 Desde el principio mismo existe esta desesperación, si la situación concreta se siente sola y no sabe. Por ello, en la historia de la creación sigue lo siguiente: y el Espíritu de Dios se movía sobre el haz de las aguas. De nuevo una imagen que no deberíamos ver separada de nosotros, en la astronomía o geología. Intentemos experimentarla como una imagen intensamente soñada, que no nos deja y que pide una explicación. En la tradición judía “explicación” o “interpretación” es igual a curación.

 ¿Qué es el Espíritu de Dios? El Mesías, dicen los textos antiguos, el Ungido. Pero si eso de ser ungido queremos verlo solamente en lo concreto, quedamos solos, quedamos en el tohu va-bohu, en las tinieblas sobre el abismo.

De pronto algo de Dios se nos anuncia. La palabra hebrea merejaf, sobrevolar o moverse sobre las aguas, puede traducirse también como “preocuparse”, “interesarse por”. En la traducción, ese moverse o sobrevolar queda poco claro. Algo de Dios aparece en nuestra vida, como su hijo, el Mesías, que se preocupa por nosotros. Se anuncia como una preocupación, un interés por el ser humano. Si yo me preocupo por mi prójimo, por el enemigo acaso, puede ser el primer paso en el reconocimiento de que Dios, a través del Ungido, del Mesías, se preocupa por el mundo, por mí.

Moviéndose sobre el haz de las aguas. Agua, en la imagen soñada, está claro: se trata del tiempo. Igual que el agua corre, corre el tiempo, Mem, el nombre de una letra hebrea, (m) significa “agua” y al mismo tiempo tiene el valor 40. En la Biblia, el tiempo siempre se mide con 40. 40 días, 40 años, de nuevo son imágenes soñadas, indicaciones provenientes del sueño.

Significa: algo de allí se preocupa por los tiempos, por los acontecimientos en el mundo, en tiempos y lugares duros, tiesos. Hablábamos del Mesías, del Ungido. En el mundo cristiano es el Cristo, y Pablo dice: Está dentro de vosotros, y vosotros en Él. Y el sentido de sus palabras no es teológico o dogmático, sino como una posibilidad de reconocimiento. Así Pablo, en su Epístola a los Romanos (10,6-8), cita el pasaje del Deuteronomio, donde está escrito: No está en el cielo, ni está de la otra parte de la mar, está en vuestro corazón, en vuestra boca. (Deut. 30,12-14). Digo esto para mostrar que hablo desde la totalidad de la Biblia y no hago excursiones muy lejos.

Si comienzo a preocuparme por mi propio destino o el destino de los demás, ¿no es el primer paso en el reconocimiento de que algo se preocupa por el mundo, por todos los destinos? Incluso, por supuesto, del destino de mis enemigos que no me comprenden, a los que yo tampoco comprendo, donde están los mundos separados. Porque si los mundos permanecen separados, nada tiene sentido; sin fondo, abismo, tinieblas, dureza: así es y nunca habrá posibilidad para el entendimiento.

 seguirá…