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Del libro Experiencias Divinas

 Capítulo: La creación como camino al ser humano

 

Después de esta comunicación de que Dios se preocupa por los que vivimos en el tiempo, sigue el tercer versículo en la historia de la creación: Y Dios dice: Sea la luz y es la luz. Ahora, la luz está fuera y también dentro. Las cosas pueden aclarárseme. La luz permite que comiencen cosas nuevas, que aparezca una especie de camino. Se cuentan ahora las seis fases de un camino y la fase séptima: seis días de creación y el séptimo día del descanso.

Tampoco aquí tendría sentido buscar con una minuciosa investigación geológica, aunque la huella del creador está también en la tierra, por supuesto. Como tampoco es posible encontrar un ser humano, con todos sus entendimientos y odios, en un atlas de anatomía. No se puede avanzar así, es imposible encontrar el alma en una autopsia. Si nos quedamos únicamente en lo concreto, seguimos en el caos, caemos en las tinieblas y rigideces, los mismos que caen sobre Egipto como novena plaga (Éxodo 10,21-23). Significa, dice la tradición antigua, que cada uno permanece en la posición en que está, rígido, sin poder moverse. Las tinieblas son la última plaga; luego, del lado egipcio la muerte, y del lado hebreo la irrupción, la expulsión de Egipto y el nacimiento de un mundo nuevo.

El principio de todo conocimiento es sentir que todo el mundo tiene relación conmigo, y lo que yo siento, puede sentirlo todo el mundo. Hasta las piedras, los granos de arena, el aire. Quizás no estoy aislado frente al mundo, quizás soy parte de él. El camino comienza con la luz y en el transcurso de los demás días aparecen los metales, los minerales y toda la creación inorgánica. Al final viene el ser humano, que siente felicidad o tristeza. La tradición dice que toda la creación no es otra cosa que el camino hacia el ser humano, todo se ofrece para ser sentido, incluido, ciertamente no para ser estudiado y analizado. Porque ese camino lleva al aburrimiento.

Quizás nos movemos allí donde no somos conscientes, es decir, en la otra parte del Ser, para que podamos reconocer: Estoy frente a ese otro, pero es un camino hacia mí mismo. Yo mismo estoy allí, es una vivencia en el inconsciente. Sabemos que un ordenador puede realizar miles de transacciones en un solo segundo. No podemos seguir, va demasiado rápido para nosotros. Una vieja historia de la tradición cuenta que en el otro lado del ser humano, en su Yo, todo sucede en un mismo instante, todo lo que aquí se despliega en el tiempo. Así se compara al ser humano también con un rollo de escritura dentro de su recipiente. Para leerlo, se desenrolla una parte del rollo y seguidamente lo leído se va enrollando. Pero dentro del recipiente está todo el rollo. Al leerlo, existe el antes y el después, eso o aquello, no es posible leer todo al mismo tiempo.

Otra imagen: el agua sale de una fuente, corre, en primer lugar como un riachuelo, luego se convierte en río y más tarde en torrente. Pero allí, en la oscuridad de la fuente, está todo, toda el agua que luego irá corriendo.

Significa que en el ser humano hay un lado que voy a llamar el lado inconsciente -para expresar que ese lugar es el almacén de todo- y que está frente al consciente. En su inconsciencia, el ser humano vive todo el proceso de la creación, comenzando con la creación inorgánica y todas las demás fases hasta el punto donde entra en la consciencia.

Había mencionado la imagen de la fuente, para explicar los dos lados del ser humano de los que hablamos. La noción de la creación tiene que ver con ello: sacamos de una fuente. Las palabras hebreas creación y fuente se escriben con las mismas letras. La palabra misma habla de esta relación; hay palabras y nociones que están sin que lo sepamos.

La tradición dice que la historia de los seis días de creación se repite en cada ser humano en cada pulsación, en cada abrir y cerrar de ojo. En cada segundo, en cada inhalar y exhalar, se despliega todo el mundo. No conscientemente, pero de esa fuente sale para nosotros la vida consciente.

 seguirá…