Lectura

Estamos leyendo…

El Alegrías de Job

Una historia sanadora, con carácter de eternidad.

Muchas veces se conecta a Job con el sufrimiento y la desgracia. Y la pregunta es: ¿el sentido de la vida es el sufrimiento o puede que sea la alegría y la dicha? Quizás no comprendamos el relato de Job correctamente y lo llamamos una historia de sufrimiento.

Al leer el libro de Job parece un cuento. ¿Cómo puede ser que a una persona, de la que se dice que es honrada y buena, le vaya tan mal? No creo que sea una degradación de la historia, si la consideramos en estos pasos preliminares como un cuento, porque sabemos que los cuentos tienen carácter de eternidad. Creo pues importante que veamos tanto la Biblia como el libro de Job como una historia con carácter de eternidad.

Debemos sacar este relato de Job del tiempo en que ciertamente ha tenido lugar y llevarlo a una atmósfera de eternidad. Que se llama también santidad, sanidad, totalidad, porque no está rota como la vida aquí, no desaparece con la corriente del tiempo sino todo lo contrario: es sano, santo, permanente. En la eternidad no existe la muerte, allí solo puede decirse que algo ha cambiado, que se añaden cosas nuevas, pero permanece.

Los relatos de la Biblia son también nuestros relatos de vida, porque no solo vivimos en tiempo y espacio. También vivimos en el ámbito del cuento, del ensueño. Deseamos, esperamos, aguardamos, por ello quizás comprendamos mejor los relatos desde el ámbito en el que soñamos y deseamos. Allí estamos en la eternidad, más cerca de la santidad que donde se tratan asuntos y comunicaciones concretas.

El ser humano, en su espíritu y en su alma vive en otros mundos, diferentes del mundo donde vive su cuerpo. Constituye una unidad de espíritu, alma y cuerpo aquí. Pero esta unidad es tal, que el alma y el espíritu son determinantes para el Yo, y el cuerpo solo tiene su Yo por la presencia de los otros dos.

Así que contaré ahora brevemente el relato de Job, introduciendo también aquello que se ha soñado de Job y que ha llegado desde una sabiduría superior, sabiduría de otros mundos que es imposible estudiar. Viene a aquel que vive como ser humano. Lo santo y lo eterno no pueden estudiarse. Puede acercarse uno a su reino mediante el estudio, pero si no se anhela su presencia, la puerta de acceso está cerrada.

La Biblia cuenta que Job vive en un país llamado Uts. ¿Qué significa el nombre de Job? La palabra hebreo Iyov, Job, está cerca de oyev, que significa ‘’enemigo’’. Se dice que Job es enemigo de sí mismo. Tiene un enemigo interno, y por eso tiene miedo muy a menudo. Como se cuenta, tiene buena vida, vive en el país Uts. El nombre Uts puede verse también como la idea del árbol, ets, del desarrollo. Tiene siete hijos y tres hijas y grandes posesiones: siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y muchísimos criados.

Vive bien. Y sus hijos hacían regularmente banquetes y mandaban llamar a los demás hermanos y hermanas. Cada vez que uno de sus hijos hacía un banquete, Job tenía miedo de que en las alegrías de la fiesta se olvidaran de lo bueno, del agradecimiento, del sentido de la vida. Es decir, que solo festejaran, sin más.

Esta preocupación pesaba sobre Job. Y siempre ofrecía un sacrificio a Dios porque tenía mala conciencia. En hebreo, en la palabra eterna, un sacrificio significa un acercamiento a Dios, a la raíz, al origen del ser humano. En la Biblia también se le ve como hijo de Dios: a imagen y semejanza de Dios fue creado. Ofrecer sacrificio significa que tiene anhelo del origen. Pero Job anhela el origen en el temor de que aquí algo pueda no ir bien, una inseguridad, una incertidumbre. Y justamente eso lleva otro nuevo elemento al relato.

Porque la Biblia cuenta que Dios, sentado en su trono en el cielo, recibe a todas las huestes celestiales, ángeles y demás seres divinos. Seres divinos, huestes celestiales en la santidad, en la eternidad. Allí donde también quisieran estar nuestra alma y nuestro espíritu, hacia donde va su anhelo, también de donde vienen. Y como todos se reúnen alrededor de Dios, viene también Satanás, el diablo. Satanás en hebreo, significa ‘’obstaculizador’’. Satanás obstaculiza el camino del ser humano hacia Dios. ¿Y por qué acude Satanás allí, para impedir que el ser humano llegue a Dios? Justamente porque esa persona, Job, tiene el enemigo dentro de sí, porque duda y está inseguro, porque tiene miedo de que quizás algo no se haga bien.

Job no vive como podría vivir. Si se tiene una relación, si se tiene anhelo de Dios, la vida es ligera y buena. Satanás se anuncia ante Dios cuando el ser humano comienza a tener miedo. Vienes justo de la tierra, le dice Dios a Satanás, donde el ser humano vive en el cuerpo. ¿Has observado a mi siervo Job? Ciertamente, contesta, las cosas le van bien, muy bien. Que esté pues pensando en Ti, no es gran cosa. Pero me pregunto cómo sería si las cosas le fuesen mal. Si tiene miedo y preocupaciones cuando las cosas le van bien ¿cómo sería, cuando le vayan mal? Perecerá en un mar de dudas.

Como ser humano, Job es libre de amar o de rechazar a Dios, tiene esta libertad, regalada por Dios. El amor solo puede existir si es posible también la parte opuesta, el rechazo. El amor solo puede darse en libertad, sin libertad, no hay amor. Así el ser humano es libre también para rechazar a Dios.

Dios le dice: vuelve al mundo y hazle a Job todo el mal que quieras, pero a él mismo, a su Yo, a su persona, no lo puedes tocar. En ello está frente a Mí. Pero todo lo demás, está a tu disposición.

Y un día, cuando los hijos estaban festejando, viene un mensajero y comunica que unos ladrones han robado a los bueyes y a las asnas. Job lo escucha y piensa que quizás sí había algo malo en él. Enseguida viene un segundo mensajero y dice que cayó fuego del cielo y quemó las ovejas y los mozos, y a continuación un tercero que le cuenta del robo de los camellos por los caldeos. Finalmente llega un cuarto mensajero que relata el derrumbe de la casa donde estaban los comensales y que todos han muerto.

La reacción de Job en cuanto a etas malas noticias es proverbial: El Señor dio y el Señor quitó: sea el nombre del Señor bendito. Y se afligió por los acontecimientos.

Y Satanás se presenta nuevamente ante Dios. Y otra vez Dios le pregunta delante de todos los ángeles y huestes celestiales: Has estado en la tierra ¿has prestado atención a mi siervo Job? Le he quitado todo, dice Satanás, pero, como me ordenaste, a él mismo no le he puesto una mano. Pero quisiera dañar ahora su presencia en el mundo, su cuerpo, toda su vida. Sigue alabándote, porque a él mismo no le va mal. Si el mal toca a personas prójimas, hay consuelo, porque a uno mismo no le ha pasado nada. Quisiera atacarle a él mismo. Puedes hacerlo, dice Dios. Pero su Yo, su Yo que vive conmigo, ese Yo alto, déjalo intacto, debe quedar libre. Allí debe decidir él.

seguirá…