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El libro del Tiempo y de la Eternidad

Capítulo 1, continuación:

El asombro del año nuevo consiste en que aquí comienza algo que, desde el inicio mismo, tiene dos lados. Por ello, en la tradición siempre ha sido así, que el año nuevo judío tenga dos días, un día y otro día. Ese segundo día no es un día festivo como en otros casos. No, pero muy claramente se trata de dos días. Es la dualidad de la creación que dice: lo que aquí llega tiene presencia dual. Hay una puerta. Se viene de algún lado y se va a algún lado. Y esa puerta está abierta cuando le sucede al ser humano algo malo, como una guerra, catástrofe, desesperación, malentendido. ¿Cómo puede originarse algo así? En general decimos: si hubiese algo de entendimiento (intelectual), no habría guerra. Pero yo creo que, a más intelecto, más guerra. Es algo que llega porque tiene que llegar. Como todas las cosas en este mundo crecen y tienen su tiempo, caen enfermas, tienen su tiempo de despertar y de dormir, así también debe de existir una noción más correcta de lo que llamamos guerra.

Estamos muy inclinados a considerar las guerras como una especia de desgracia. Hubo un malentendido y, en consecuencia, nos avergonzamos. ¿Pero por qué hemos actuado así? El ser humano no propicia ninguna guerra y tampoco puede evitarla. La guerra se origina por los motivos más curiosos. ¿Por qué nos comportamos tan locos, tan rabiosos, para hacer semejante cosas? Cuando todos los pueblos quieren la paz, siempre surge uno que no está a gusto. Es así y siempre será así en el mundo. Ya sean nazis, rusos, chinos, franceses o escoceses, siempre hay alguien que está dispuesto a atacar y otro a ser atacado. Llevan la zozobra al conjunto y entonces se abre esa puerta.

Realmente debiéramos decir: la guerra es anormal, es un acontecimiento muy grande. Cuando esa puerta está abierta, se puede echar un vistazo a dos mundos. Si está cerrada, si vivimos años de bonanzas materiales, se ve un lado nada más.

Pero también entonces hay dos lados, aunque al lado opuesto no se le presta ninguna atención. Sin embargo, en una guerra, la puerta se abre hacia los dos lados. Por ello, la guerra es diferente de lo que podamos pensar dentro de nuestro esquema de utilidades. Para nosotros es una especia de desviación del sano sentido común.

Tampoco una enfermedad es algo causal, en el sentido de que sea consecuencia de una mala vida, un castigo. Puede suceder que alguien viva de la mejor forma posible y a pesar de todo caiga enfermo. Y, por otra parte, alguien puede ser muy malvado y estar muy sano. No tiene nada que ver con ser razonable y vivir una vida correcta. Hay personas que optan a enfermar y siempre permanecen sanas y otras que toman todas las precauciones y enferman en los momentos más inoportunos. Esos acontecimientos tienen otro origen, como también las guerras tienen otras causas.

Nos gusta girar en círculos y mediante un pensamiento superficial, construir causalidades que tengan la apariencia de que algo puede suceder o no por nuestra causa. Y nos echamos sermones, como los pedagogos: si solo viviéramos correctamente y si fuésemos razonables, viviríamos más años y en los países subdesarrollados tendrían comida. Pero es un intento inútil, es la historia de Sísifo, y todo lo demás son circunstancias que tienen lugar en los mundos inferiores. Nunca sale bien. Lo que se pone de un lado, se pierde del otro. No se puede cambiar. Y las palabras aquellas que dicen ‘hasta el final de los días habrá guerra y rumores de guerra’ no son palabrería vana. Contienen muchísima verdad.

También en el ser humano, esa dualidad está siempre. Por ello en los relatos de la Biblia, aquellos con los que Dios habla, como se dice, experimentan mucho. Para ellos, la puerta está permanentemente abierta. Son atacados, deben salvar a otros, tal como es el destino de Abraham. Siempre pasan cosas. Las están pidiendo, dirán. No. Las cosas les están buscando a ellos. Viven de tal forma, que siempre se les encuentra. La puerta para la conversación está siempre abierta. Se ve este y el otro mundo. Jano está señalando constantemente a ese y al otro mundo. Y constantemente ves esta confrontación y te das con la cabeza contra la pared: es imposible, ¿cómo puede ser? ¿Cómo pueden los seres humanos ser así? Es que no son seres humanos, son otras fuerzas, son demonios o gigantes; no sé lo que son. En la mitología son conocidos, pero hoy aquí ya no. Pero están; y están siempre muy ocupados en hacer cosas de las que decimos: es realmente malo lo que está sucediendo. No es necesario que dé ejemplos. Cada uno puede encontrarlos por sí mismo y reflexionar sobre cómo van las cosas. Recordemos pues, que en el caso de los patriarcas y de los demás personajes de la Biblia, desde el primer minuto hasta el último hay guerra, ininterrumpidamente. La puerta está siempre abierta.

Y la creación mediante la cual esta dualidad entra en el mundo y en cada uno de sus días, está en la imagen de la puerta abierta y señala dos caminos: un rostro mira hacia este lado, y el otro hacia el contrario. Pero nosotros ya no lo percibimos así, estamos divididos, vivimos disociados. Nuestra puerta está cerrada. Podríamos abrirla únicamente mediante cosas especiales, que sucediesen en nuestro pensamiento o en nuestros actos. Entonces la puerta se abriría. Pero actualmente vivimos de tal forma que miramos hacia un lado solo, y con nuestro intelecto, habitualmente, pensamos en un lado nada más. Pensamos de forma causal. Otra forma de pensar nos parecería extraña, sin sentido. Pero ese ‘sinsentido’ se encuentra a veces en aquello que llamaos ‘arte’. Un poeta, un pintor puede captar ese sinsentido. Y la pregunta sería: ¿cómo ha llegado allí? Es lo que se muestra como ‘estar despierto’, aquello que dice que tiene dos lados dentro de sí, simultáneamente. Podría decir, por ejemplo: eso es verde y tampoco es verde, eso es así y al mismo tiempo diferente, no siempre es lo mismo.

Pero en general queremos que esa puerta quede cerrada, y esos años serían ‘años de bienestar material’ para nosotros. Pero ese bienestar es siempre un grandísimo peligro. Conocerán seguramente aquel versículo de la Biblia que dice: y engrosó Yeshurún y tiró coces. Es decir, engordó y se volvió tonto. Así está escrito al final del libro de Deuteronomio. De la misma forma se cuenta de Jacob y Esaú, que Esaú recibe la montaña Seír al principio mismo: har seír 5-200 300-70-10-200, y allí se queda hasta el final de sus días, allí vive. Jacob, por el contrario, vive en muchos sitios y sigue teniendo esa tendencia hacia los cambios. En él no existe la tranquilidad. La noción Jano, que viene de los tiempos romanos, posee ya ese conocimiento. En nuestros tiempos estamos siempre dispuestos a mirar con cierto desprecio a los romanos, en cuanto a sus conocimientos. Eran filósofos y escritores, y eso está bastante bien, pero eran paganos y no sabían nada. La verdad es que sabían mucho. Un pagano no tiene por qué ser ignorante, solo es alguien que actúa de forma incorrecta y saca conclusiones erróneas. Un pagano puede tener muchos conocimientos, de ninguna forma es primitivo o tonto, puede ser muy inteligente. Si solo se tratara de una especia de ignorancia, con una enseñanza específica, el paganismo quedaría eliminado. Pero lo que se ve es justamente lo contrario: cuanto más conocimiento, más paganismo, no puede ser la causa, por tanto.

seguirá…