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Las Raíces de nuestro Comportamiento
Capítulo 11 – Kaleb y el honor de Dios. La construcción permanente de la torre de Babel.

Encontramos esa otra causalidad, la que viene del lado vertical, en los relatos de Kaleb, hijo de Yefuné. Según la tradición, él establece las leyes de la lógica, con las cuales se puede medir la Torá misma, la Torá con esas comunicaciones del Espíritu Santo. Se trata pues de otra forma de medir, diferente de la medida que sale del eje horizontal.

Dicho con otras palabras: se trata del árbol del conocimiento que es parte del árbol de la vida. No del árbol del conocimiento separado, cuyas raíces están cortadas del árbol de la vida. Es la escuela de abajo, unida a la escuela de arriba y nutrida por ella. Un peso aquí, que tiene su origen en el peso de arriba. Honor y peso, en hebreo, es la misma palabra. Dar honor a alguien, es dar peso a alguien. Sin embargo, el honor debe ser para Dios, para que pueda estar aquí, y no el honor a una teoría para que el inventor sea importante y pesado aquí. Otorgando honor a una persona aquí, hacemos a Dios ligero, poco importante, irrelevante. Es la noción kilel 100-30-30, que significa también, maldecir. Maldecir a Dios es desplazarle, darle poca importancia, ningunearle.

¿Cuál es entonces esa otra causalidad? ¿No tiene el mismo origen, por ejemplo, que la salud, no viene del mismo centro de existencia? Porque con esa otra causalidad, los órganos del cuerpo también funcionan muy correctamente, pero sin que tengamos esa constante preocupación por no enfermar. Entonces, ni el cáncer, ni la obesidad, ni la diabetes, ni las enfermedades del corazón pueden asustar. Porque esos temores tienen su origen en una vida centrada únicamente sobre el eje del tiempo, es decir, en la convicción de que la historia es un producto de la colectividad de los humanos y el futuro es su propia construcción. Y la Biblia, la historia de un pueblo concreto. Así Dios es una excusa nada más, Dios es aquel que se cree poder alcanzar construyendo la torre de Babel, y al que se cree poder influir con proezas de esa naturaleza.

El camino de abajo hacia arriba, mediante la acumulación de un conocimiento objetivo, solo trae confusión. Y debe traer confusión porque el sentido de la creación es el amor, es decir, dar y recibir sin contraprestación. Cualquier acercamiento objetivo que implique no poder abandonar las creencias lógicas que se han construido de forma causal, excluye ese tipo de amor. Hablamos aquí de otra relación, totalmente distinta. Y ciertamente, se puede sacrificar mucho y se puede emplear mucho tiempo y energía – mucho más quizás de lo necesario en el caso de una relación de amor – pero todos esos sacrificios provienen de un espíritu de pesadez, de la convicción de que el experimento, el análisis, el trabajo aquí, va encaminado a obtener el control de allí. De otra forma no sería científico, el peso aquí sería demasiado pequeño, sería demasiado poco importante. Porque el estatus y la sociedad exigen ese tipo de camino. Cuando se pesa al rey de Babel en la balanza de allí, y tiene enfrente el otro platillo con las medidas del amor, el rey se encuentra demasiado ligero. Me refiero a las palabras mené, mené, tekel… (Daniel 5,25-28) que significan: Contado, contado, pesado en la balanza y hallado falto, el reino roto…

Vemos que siempre tiene que ver con la orientación, no con aquello que se hace o se deja de hacer. La historia de Kaleb puede mostrárnoslo, es una historia en la que se refleja nuestra vida. Es una historia independiente y que al mismo tiempo muestra el dibujo de nuestra vida.

Babel se construye con los materiales de aquí y llega muy lejos y muy alto, y cuanto más lejos va, más especialización es necesaria. Y si se quiere alcanzar la punta más alta de la torre, se necesitan cada vez más piedras y cualquier paso en falso puede ser fatal. ‘’Lástima por la piedra’’ se dice entonces en lugar de ‘’lástima por ese ser humano’’. Porque la persona que se utiliza sobre el eje horizontal, solo tiene valor en cuanto a su utilidad momentánea. Y esa utilidad es menor, comparado con el valor de la sociedad o de la ciencia. Otro ocupará su puesto. Solo una breve interrupción, nada más.

La lengua, el idioma, en ese caso ya no cumple la función de la comunicación humana y se convierte en una función técnica. Las nociones humanas son tecnificadas y pierden su sentido, ya no se sabe lo que el otro quiere decir. Visto así, la torre de Babel significa realmente un crecimiento gigantesco, y con ello va camino hacia la confusión. Esa torre se construye en Babel, es decir, en la confusión, allí se andan esos caminos. Babel existe siempre y en todo lugar, hasta el final de los tiempos.

Pero también la historia de Kaleb es eterna. Sin embargo, es contraria al camino de la torre que hemos visto antes, es la historia del camino de arriba hacia abajo. Es el camino visto desde la perspectiva del árbol de la vida. Es decir, con orden y con armonía, pero orden y armonía permanentes, eternos. Porque la armonía de las huestes celestiales, tsevaot, imprime a ese mundo el sello de arriba. Se reconoce ese sello si se viene de allí, de arriba. Entonces también lo más pequeño aquí tiene gran significado. Porque el mundo de las huestes celestiales está aquí enteramente, en toda su perfección. A esas huestes no se las puede reconocer nunca siguiendo las reglas de la lógica y de la causalidad de este mundo. Son reglas distintas que piden el acercamiento por la vía del amor.

seguirá…