Lectura

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Del libro: Las Alegrías de Job

Malas noticias en la cárcel

Quisiera contar algo de las vivencias de Job, y quizás, lo mejor es que comience con aquello que he aprendido en mi vida, que me llevó a poder hablar de Job. Es una historia marco, por así decir.

Ya de joven había escuchado y leído de Job. Pero es un libro de difícil entendimiento y yo lo había leído de forma ‘’diagonal’’, porque como persona instruida tenía que saber algo de su contenido, para poder mantener una conversación inteligente. Pero leerlo y comprenderlo de verdad, no he podido hacerlo hasta los sucesos de los que quiero hablar ahora. Es decir, vino una situación en mi vida, en que estaba en una celda de la cárcel, con otros. Éramos cuatro, y tres de nosotros estábamos convencidos de que no teníamos mucho más tiempo por delante, porque la sentencia de muerte había sido dictada ya. El cuarto mantenía algo de esperanza, pero todos estábamos abatidos y tristes. Pero uno se acostumbre rápidamente incluso a tiempos difíciles y disfruta del diario caso igual que en tiempo buenos, solo que con diferentes penas y alegrías. Así, para algunos era muy importante que el trocito de pan que recibían, fuese algo más grande que el anterior. Contaban su vida como si contaran la vida de otro. Alegría cuando se oía el ruido de aviones que volaban sobre la ciudad, porque podrían ser ingleses o americanos. En muchas celdas entonces se golpeaban las puertas de forma muy ruidosa. Los vigilantes andaban por los pasillos gritando: ‘’¡No os alegréis demasiado pronto! ¡Antes de que vengan los americanos, se os habrá fusilado a todos!’’. Nosotros también nos reíamos.

Uno se acostumbra a los momentos malos. El ser humano tiene una gran capacidad de adaptarse y la situación deja de ser tan mala, aunque más tarde se leerá en libros o se verá en películas que todo haya sido muy malo. Ciertamente había momentos de gran tensión, tanto en el campo de concentración como también en la cárcel, pero estos momentos existen también en la vida. Hay que preguntarse, sin embargo, como es posible que nos enfademos tanto en la vida normal, si comparamos con el tiempo en la cárcel. Pero el ser humano reacciona así. Se enfada en tiempos buenos y malos, y tiene sus alegrías aquí como también allá.

A la vista de la composición de nuestra comunidad de celda, debe de haber sido en febrero o marzo 1943.  Éramos tres judíos y un holandés, que habían detenido vendiendo algo en el mercado negro. Se sabía que estas personas iban al campo y no era seguro que volvieran con vida. Para nosotros los judíos, el viaje al ‘’este’’ -solo se conocía el nombre de Auschwitz- era seguro. Pero no se sabía dónde estaba ese lugar, en todo caso, no se encontraba en el mapa. No se sabía que se refería al lugar Oswiecim en Polonia. Además, uno de mis colegas y yo estábamos ya sentenciados a muerte. No se conocía la fecha de la ejecución. De hecho, se la esperaba cada mañana, cuando de madrugaba se oían en el pasillo los pasos de los vigilantes que iban a recoger presos de las celdas. Si los pasos no se detenían ante la celda, el alivio era evidente. Parece que hoy no será, se pensaba.

En aquella situación, contaba a mis compañeros de celda muchas cosas de la tradición judía -se ve que soy incapaz de evitarlo-. Así también un día hablamos de Job, porque se asocia ese nombre con las malas noticias. Estábamos sentados, esperando la mala noticia que Job también esperaba. Comencé a contarles que la tradición judía no solo conoce el esqueleto de la historia como lo cuenta la Biblia. La tradición cuenta también del envoltorio del esqueleto, que es carne, músculos y también de las vestimentas alrededor del ser humano, que pueden cambiar. Se dice que el interior, el esqueleto, es el armazón firme, el envoltorio es como el mundo de las relaciones, donde puede suceder de todo.

Se tenía miedo y se esperaba una mala noticia. Hoy en día nos preocupamos por una posible guerra atómica, por la explosión en una planta nuclear o por la suciedad ambiental. ¿Qué pasará? En la tradición, la historia de Job cuenta otras cosas. El nombre de Job significa ‘’enemigo’’. Job, por tanto, es el enemigo dentro del ser humano. Ningún enemigo de afuera; más bien, yo mismo soy mi enemigo. Y a la pregunta de cuándo ha vivido, se contesta: Job vive en todos los tiempos. Se le encuentra en los tiempos de Adán, luego en el mundo de Noé, de Abraham, en el tiempo del rey David, etc. Vive en el país de Uts, como lo llama la Biblia, y Uts se escribe como ets, árbol. Significa que vive en el tiempo del crecimiento, del desarrollo, donde todas las cosas cambian constantemente. Job se preocupa por sus hijos -tiene siete hijos y tres hijas- porque teme que puedan pecar en las fiestas habituales cuando todos los diez se reúnen. Para redimir la situación de antemano, por así decir, ofrece sacrificios. La pregunta pertinente es: ¿No se preocupa por el mundo? ¿Sólo se preocupa de sus hijos? Lo que pasa en el mundo le da bastante igual. Vive bien, posee grandes riquezas de animales y es un hombre considerado. Pero se preocupa únicamente de su entorno más cercano: sus hijos podrían pecar, y él quisiera que vivieran sin pecado. Una preocupación egoísta, podríamos decir.

Y porque vivía así, viene al cielo Satanás, el rey de los demonios, y se presenta ante Dios. Satanás, en hebreo, significa ‘’obstaculizador’’. Cierto, Job es un hombre bueno y justo, dice Satanás, pero ¿qué pasará si comienzo a obstaculizar su vida, que fluye de forma tan placentera?

seguirá…