La Creación en la Palabra

La creación en la palabra

Ahora bien, los mensajes que tocan la esencia de las cosas, ¿no contradicen la costumbre de abordar estos temas solo en una relación maestro-alumno? ¿Y solo si el alumno en su comportamiento y en su visión vital justifica la confianza depositada en él de que no desarrollará este conocimiento en la dirección equivocada.

Que yo mismo me haga esta pregunta, muestra a las claras que he reflexionado sobre ella. Por un lado un mundo que, desde el punto de vista humano, vive espiritualmente al borde de la extinción; que ignorando el verdadero sentido de la vida se pierde en la búsqueda de toda clase de refinamientos que no tienen otro propósito que tapar su desesperación.

Que ha desarrollado un mundo duro, oportunista, cínico y egoísta y que también en sentido material, va encaminado directamente a la catástrofe. Por otro lado el conocimiento y la experiencia de que lo más profundo, la esencia de las cosas, debe quedar tapada. Igual que el alma divina en el ser humano, la semilla en el fruto, el núcleo del átomo.

Es decir, es el hecho de que estas profundidades solo pueden transmitirse en silencio a quienes sean capaces de asimilarlas, y cuya actitud ante la vida y su comportamiento diario se adapten a ellas.

Porque solo una persona así reconoce que lo esencial se aborda de un modo distinto a la intención de hacer visible el alma, exponer la semilla o escindir el núcleo del átomo.

Sabrá que arrastrar lo esencial a la esfera de lo visible, mecánico, a medidas terrenales, es fatal para él y puede arruinar también la vida de su entorno. La existencia de ese otro mundo es posible solo si lo esencial se sustrae a las percepciones sensoriales, quedando protegido por una envoltura material visible.